viernes, 12 de enero de 2018

G. es la rebeldía contra el tiempo.

Es dolor y pálpito. Es deseo y sorpresa y revelación. Es reflexión y fuerza. Es intimidad y afecto.

Es mirar a los pómulos, es decir y desdecir, porque a veces los pensamientos cambian y se contradicen.

G. es un espejo que me devuelve lo bueno y lo malo de mí misma. Lo que me enaltece y lo que me avergüenza. Porque me observa y me escucha y me habla de frente.

Él sabe cuándo lo quiero, cuándo me insegurizo, cuándo lo celo.

Él es cuello suave que beso y muerdo. Es brazos fuertes que quiero alrededor de mi cuerpo.

Es sexo que me llena, es manos que me marcan.

G. es imposible y es real.
Es contador de historias que desafían el orden de las cosas.
Es gemelo, hermano, hijo de una actriz y un profesor reconocido.
Es golpecitos en la espalda y masajes que relajan.
Es fotógrafo, es nostalgia.

G. es admiración recíproca. Es inspiración. Es sensibilidad a la injusticia.

G. dice que el tiempo es el único movimiento que no podemos ver. Él sabe muchas cosas. Lo que no sabe, quizás, es que en pocos días, en un país africano, me hizo quererlo, conocerlo, desearlo.
En ese lugar, me hizo ver claramente el movimiento del tiempo.