Los busqué a todos, pero ya no existen. Todos dejaron de escribir. O, al menos, dejaron de hacerlo en los lugares conocidos. Nuestra comunidad fue desapareciendo en el tiempo.
Al que más extraño es a Cósimo, mi hermano imaginario.
Queda alguien ahí fuera que aún le hable a la estratósfera?
Amaba conocer sin conocer, conectar, descubrir, querer, sin ver nada más que unas líneas en el computador.
Culpo a Facebook y su manía de conectarnos con los que ya estamos conectados. La magia de aquí estaba en descubrirnos los unos a los otros, completos desconocidos, y tan hermanos.
Escribí en el otro blog al menos una vez al año. Cuando todo en mi vida daba vueltas, se aceleraba, siempre, uno de esos 365 días, quise mandarles un mensaje.
Esta vez vuelvo sola, enviando señales a la oscuridad de la blogósfera.
Quizás los encuentre por ahí, con otro nombre y otro cuerpo.
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