viernes, 18 de agosto de 2017

Once upon a time

Once upon a time we were not scared of life.

You took a plane and flew to Chile with no real plan, just a hunch.
I moved into a Dutch squat.

We cycled together drunk at night on one bike under the snow in the -18º German winter

I walked alone 800 km through Spain
You moved to Nicaragua

You taught Dutch to Spanish speaking migrants
I organized the Chilean expats to help fisherwomen after the earthquake

We laid down stargazing at Taksim Square in Istambul

Once upon a time we accidentally met each other at the Commelinstraat and had breakfast with fresh strawberries

We dated musicians
We hitchhiked with hippies driving a van
We sent each other postcards
We explained the frame of the frame of the frame in our last class in Amsterdam

Once upon a time I married a man I knew for a bit more than a year.
Once upon a time you lost your cloth at a Zanzibar beach.

We pretended we were a lesbian couple to get us a flat

I sang happy birthday to you holding a croissant with a candle next to two strangers at the Pony bar
You wrote for the In Transit travel blog of The New York Times
You guided me through Vondelpark at night
I drove you to Matanzas and Navidad

We shared a room
Watched political and nature documentaries
Did online yoga for pregnant women

We cycled 80 km at night on the highway
We spoke English, Spanish, Dutch, Spanglish

You moved to Belgium with a Chilean man
I stayed in Chile and separated from my Dutch husband

Once upon a time we were so full of life

So free of fear.

jueves, 17 de agosto de 2017

Mi yo primera recorrió la tierra a pie
Amando a los árboles y las piedras
Los animales
Los ríos
El viento

Mi yo primera vibró con los hombres que encontró
Los amó a todos
Dejó en ellos su huella

El semen de esos hombres se fundió con su energía
Con ellos trajo hijos al mundo
No hubo posesión
No hubo máscaras
No hubo espejos


Hubo soles y tormentas
Hubo cuevas con musgo verde
Hubo antorchas encendidas que iluminaron su piel por la noche.

Hubo insectos que cantaron
Hubo nubes gigantescas
Hubo lágrimas en rocas
Hubo sangre
Hubo círculos de piedras.

****
Mi segunda yo vivió encerrada entre húmedos muros de piedra
Muros circulares por los que jamás pudo trepar

Debía usar ropas que le eran ajenas
Corpiños ajustados
Medias abrigadas
Cordones gruesos

Ella solía desprenderse de todo
Y caminar desnuda entre  plantas y animales

Por eso
La ocultaron tras los muros,
asustados de ese fuego encendido en sus ojos

Mi segunda yo sabía
Los secretos de los hombres
Conocía sus temores
Había descubierto sus debilidades

Tuvieron que quitarle el poder que ella traía
La encerraron ahí con las otras mujeres
Con las lobas
Con las locas
Con las líder de manadas

En las noches, mi segunda yo cantaba
Sentía en su vientre esos amores lejanos
Esos hijos que sus pechos nutrieron
Esas tierras que sus pies pisaron

Cuando llovía a medianoche
Ella brillaba, desnuda, en el patio tras los muros
Brazos abiertos en la oscuridad
Pies descalzos en el barro
Piel entumecida y despierta

Con los años
Mi segunda yo aprendió
A desaparecer de los espacios

Se elevaba alto
Por sobre los muros

Abajo los guardias
Los hombres inseguros
Las mujeres en sus casas
Ocultando sus poderes
Escondiendo sus verdaderos rostros

Entonces, mi segunda yo viajaba
Hasta el bosque y el arroyo
Allí la esperaba
El buen amante
El Hombre fuerte y bondadoso
El Hombre que no le temía
El Hombre que la veneraba
Por ser madre
Por ser mujer
Por ser loba
Por su desnudez
Por el fuego de sus ojos
Por ser libre aún encerrada.

****

Mi tercera yo vivió junto al mar
En unas islas poco exploradas

Recogió algas
Cocinó mariscos en la tierra
Con piedras calientes
En hoyos tapados con hojas de nalca

Enseñó en una escuela donde vivían niños y niñas de lugares remotos
Bordó con lanas de colores sus nombres en delantales y sábanas
Les curó heridas en las rodillas
Les sacó dientes sueltos
Sobó guatitas adoloridas
Mató piojos
Cantó con ellos la Violeta Parra

Los vio irse cada año, uno tras otro
Después del curanto
Con un atado de cochayuyo bajo el brazo
Para volver a arrear los bueyes
A cosechar las papas

En las noches estrelladas
Mi tercera yo caminó descalza por las rocas de la playa

Allí fue que un día encontró a la Viola
Tocando desnuda su guitarra

Vio sus pechos que brillaban
Plateados y suaves bajo la luna
Vio su vientre blanco y redondo
Su cabello largo enredado por el viento

Vio sus codos
Sus tobillos
Vio sus ojos negros
Sus dedos rápidos bailando  entre las cuerdas

Vio sus dientes blancos, imperfectos
Revelados en el destello de una enorme sonrisa

Mi  tercera yo cayó a la arena, mareada
El corazón se le detuvo
El útero caliente
La vulva palpitante
Algo húmedo entre sus piernas
La ruborizó desconcertada

Desde entonces cada noche
Paseó descalza por la playa
Nunca más vio a la Viola
Nunca más dejó de esperarla
Le escribió cartas
Canciones
Con lanas de colores, bordó mil veces su nombre en las sábanas.

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