domingo, 21 de octubre de 2018

Ideas sueltas


En libertad  el ser humano conoce. En el conocimiento está la base del pensamiento crítico.
Si Mary Kingsley, la llamada reina de Africa por convivir con comunidades caníbales, criticó la colonización y el desprecio de Europa hacia las comunidades nativas africanas, fue porque fue libre de conocer y de pensar. 
La etimología de la palabra conocer viene de con conocimiento como una acción duradera.
En inglés to know viene del germánico y se relaciona a identificar, reconocer.
Conocer es identificar al otro y reconocerlo. Al reconocer al otro surge la dignidad. Si reconocemos la dignidad del otro es posible pensar críticamente sobre la dominación o el desprecio.
Ojalá las escuelas de Chile se enfoquen en el conocer como descubrimiento y no apropiación, como curiosidad genuina y no como confirmación de lo que otros han repetido, como posibilidad de empatía, libertad, respeto y humanidad.

Cita imaginaria - Jueves 17 de diciembre, año 2020


Te llevo a las termas de Colina a medianoche. Las estrellas desperdigadas en el cielo oscuro.
Nos adentramos en la cordillera profunda por un paisaje que parece prehistórico. Montañas partidas al medio por acantilados, piedras enormes que hay que bordear por el camino de tierra.
Aquí no llega la señal de radio y todo está en silencio.
Tú me miras con tus ojos brillantes mientras yo manejo.
Nos acercamos despacio a una casona y un hombre levanta la barrera para dejarnos pasar.
Caminamos de la mano, alumbrando con una linterna; tú tiritas de frío.
Llegamos a una poza de agua caliente, humeante.
Te digo que te desvistas y me miras intensamente.
Yo me abro el pantalón, me saco la polera. Mi cuerpo refleja el celeste del agua. No hay nadie alrededor.
Entramos al agua y ahora sí la oscuridad es absoluta. Apenas podemos ver nuestros gestos.
Nos acercamos, tu piel tan cerca de la mía. Escucho tu respiración y mi corazón parece salirse del pecho.

De pronto, sobre la montaña, vemos la luna salir.

Cita imaginaria - Jueves 20 de diciembre, año 2018


Vamos al Harvard borrachas
Bailamos reggaetón indecente.
Amanece y comemos sopaipillas.
Caminamos hacia la Alameda.
La gente pasa alrededor nuestro y nos empuja porque vamos lento, como si no quisiéramos llegar, como si no quisiéramos que la noche se acabara.
Antes de cruzar el puente, te acerco a mí. No puedo resistirme. Me acerco a tu cuello, respiro cerca de tu oído y me quedo ahí, quieta, habitando esa zona íntima y expuesta.
Bellavista arde de gente borracha, de vendedores de cosas que humean, de amigos que cantan a todo pulmón.
Nosotras no escuchamos nada. Nada más que nuestra respiración.
Rozo tu piel suave con mis labios gruesos, la curvatura de tu cuello, el comienzo de tu hombro. Lentamente, entrelazas tus dedos con los míos.