Te llevo a las termas de Colina a medianoche. Las estrellas desperdigadas en el cielo oscuro.
Nos adentramos en la cordillera profunda por un paisaje que parece prehistórico. Montañas partidas al medio por acantilados, piedras enormes que hay que bordear por el camino de tierra.
Aquí no llega la señal de radio y todo está en silencio.
Tú me miras con tus ojos brillantes mientras yo manejo.
Nos acercamos despacio a una casona y un hombre levanta la barrera para dejarnos pasar.
Caminamos de la mano, alumbrando con una linterna; tú tiritas de frío.
De pronto, sobre la montaña, vemos la luna salir.
Caminamos de la mano, alumbrando con una linterna; tú tiritas de frío.
Llegamos a una poza de agua caliente, humeante.
Te digo que te desvistas y me miras intensamente.
Yo me abro el pantalón, me saco la polera. Mi cuerpo refleja el celeste del agua. No hay nadie alrededor.
Te digo que te desvistas y me miras intensamente.
Yo me abro el pantalón, me saco la polera. Mi cuerpo refleja el celeste del agua. No hay nadie alrededor.
Entramos al agua y ahora sí la oscuridad es absoluta. Apenas podemos ver nuestros gestos.
Nos acercamos, tu piel tan cerca de la mía. Escucho tu respiración y mi corazón parece salirse del pecho.
Nos acercamos, tu piel tan cerca de la mía. Escucho tu respiración y mi corazón parece salirse del pecho.
De pronto, sobre la montaña, vemos la luna salir.
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